Mujeres en el mundo rural: raíces y logros – Joana de Castro

Joana de Castro: «La Quinta de Lourosa es un negocio con una componente emocional»

En esta entrevista, Joana de Castro, enóloga y responsable del enoturismo de la Quinta de Lourosa (Lousada), nos cuenta la historia y su visión de la gestión, y deja un mensaje de aliento a las mujeres que desean incorporarse al sector.

En el sinuoso paisaje de Lousada se encuentra la soberbia Quinta de Lourosa, testimonio vivo de una tradición enraizada en el corazón de una familia. Rogério de Castro, el menor de ocho hermanos, fue el audaz visionario que decidió, hace décadas, invertir en el legado familiar y transformarlo en un oasis vinícola. Son las reminiscencias de la infancia, grabadas en los muros de piedra y en el susurro de las viñas, las que lo unen indisolublemente a este lugar. Incluso durante los años que residió en la gran capital, nunca descuidó el vínculo con su esencia y regresaba siempre que podía los fines de semana y en vacaciones, recuperando así el aroma de la tierra y el sabor de la tradición.

Natural de Gondomar y conocido con el epíteto de «Senhor do Vinho Verde», tras sus estudios en el Instituto Superior de Agronomia y después de ser catedrático en esa misma universidad, se encontró irremediablemente enamorado de este rincón de memorias que es la Quinta de Lourosa.

Tras adquirir la quinta, abrazó Oporto como hogar y se instaló inicialmente en la inmensidad urbana para, hace unas dos décadas, echar raíces definitivas en Lousada. Y es en este suelo fértil donde florece la herencia de siglos, bajo la mirada atenta de su hija Joana de Castro, su digna sucesora.

Joana, que recorrió los mismos caminos que su padre, camina hoy a su lado y comparte la pasión por la tierra y por el vino. En tres décadas han sido testigos del renacimiento de la Quinta de Lourosa, que de unas modestas cuatro hectáreas se ha expandido hasta treinta, en un crecimiento continuo e inexorable. Aquí, en la Quinta de Lourosa, la primacía se otorga al arte de la viticultura y la enología, donde se produce buena uva y buenos vinos.

Pero la Quinta de Lourosa no se limita a producir vino de excelencia; es también un espacio de enoturismo, donde la hospitalidad se entrelaza con la tradición. Joana, enóloga de la quinta y mente inquieta detrás de las nuevas ideas, es la responsable de concebir experiencias únicas: pícnics entre las viñas, cenas armonizadas con catas de vino y programas que celebran la unión entre el vinho verde y la riqueza cultural de la región.

Esta es una conversación que tuvo lugar una tarde de invierno, entre las hileras de vides, donde Joana de Castro, una mujer de sonrisa afable que personifica la fusión entre tradición e innovación en el mundo del vino, compartió la vibrante historia de este lugar.

¿Cómo describiría el momento en que despertó su pasión por la viticultura y la enología?

Desde muy pequeña acompaño a mi padre en el campo. La elección de la ingeniería agronómica estuvo, sin duda, influida por mis padres: mi madre, contable, me transmitió la pasión por los números, mientras que mi padre, profesor de ingeniería agronómica, me inculcó la pasión por las viñas.

¿Cómo se refleja su visión personal y profesional en el enfoque que ha dado a la gestión de la Quinta de Lourosa?

Aquí, en la Quinta de Lourosa, intentamos que no sea masificado y adaptamos nuestros programas según nuestros turistas. Cada turista es único, igual que cada estación en la agricultura ofrece nuevas oportunidades. Es esta versatilidad la que nos permite proporcionar experiencias auténticas durante todo el año.

La Quinta de Lourosa trasciende la mera noción de negocio; es una pasión. Es un negocio con una componente emocional. Nuestra visión empresarial en el turismo está alineada con los gustos personales de nuestra familia, sin descuidar nuestro objetivo empresarial. En lo que respecta a la producción de vino, nos basamos en la escucha atenta de nuestros clientes y en las tendencias del propio mercado.

Me fascina el arte de la vinificación, la variedad de perfiles de vino y la capacidad de adaptación e innovación que demostramos en cada nuevo ciclo. Me encanta compartir la historia de nuestra región y dar a probar nuestros vinos a los turistas. Resulta especialmente estimulante cuando me dicen que no les gusta el vino, porque es en esos momentos cuando encuentro un placer aún mayor en persuadirlos para que lo prueben. Me ha ocurrido que llegaran aquí diciendo que no les gusta el vino y salieran diciendo que son fans de los vinos de la Quinta de Lourosa.

¿Qué momentos considera especialmente desafiantes como enóloga y gestora de la Quinta?

Las fases más desafiantes y marcantes como enóloga y gestora de la Quinta están, sin duda, relacionadas con la plantación de nuevas viñas. El comportamiento de las vides es único y cada cambio de terreno, junto con el cambio climático, influye en el producto final. Los primeros años de vinificación son especialmente exigentes; la sensación de probar un vino y darse cuenta de que no tiene nada que ver con el vino que hacía antes es sorprendente. A partir de ahí, el reto es adaptar las técnicas para obtener resultados óptimos. Esta dinámica es una de las facetas más cautivadoras de la parte técnica para mí. Y luego está la comunicación del vino. Estamos constantemente en busca de evolución, nunca nos estancamos. Tenemos que adaptarnos a los cambios en las técnicas de vinificación. Nada es igual de un año para otro; cada vendimia y cada proceso de vinificación trae consigo sus propias particularidades. Pero es esa diversidad la que nos distingue y nos confiere una ventaja sobre los vinos más comerciales. Aquí, en la Quinta de Lourosa, cada año es una caja de sorpresas, y eso es lo que nos impulsa y nos diferencia.

En la década de 1970, las mujeres comenzaron a asumir papeles importantes en Europa y a ocupar cargos de liderazgo en bodegas, como enólogas o sumilleres. Con motivo del Día de la Mujer, ¿qué mensaje le gustaría compartir con otras mujeres que están abriéndose camino en la industria vinícola?

En el ámbito de la enología todavía predominan los hombres. A pesar del creciente número de mujeres, muchas veces estas ocupan posiciones más de base que de dirección. En este universo, donde la sensibilidad para la cata de vinos se une a la pericia técnica de la vinificación, es esencial reconocer que existe un talento innato que no conoce género. Con todo, es indiscutible que hay muchas mujeres con aptitudes excepcionales en esta área. Estoy convencida de que, en el futuro, veremos cada vez más mujeres desempeñando papeles destacados en este sector. En todos los ámbitos, sea en la enología o en cualquier otro, las tareas pueden realizarse con igual maestría por hombres y mujeres. El secreto reside en la capacidad de gestionar el tiempo de forma eficiente, garantizando un equilibrio entre el trabajo y la familia.

Entrevista: Joana de Castro Redacción: Cláudia Silva Filmación y edición de vídeo: João Santos y Sónia Machado Edición y propiedad: Espaço Visual Lda.