El turismo como eje estratégico de desarrollo regional
El turismo en Portugal se ha consolidado como uno de los motores más relevantes de la economía nacional, con un peso significativo en el Producto Interior Bruto y una notable contribución a la creación de empleo en distintos sectores. Más allá del impacto económico directo, el turismo se percibe cada vez más como una herramienta estratégica de desarrollo regional, capaz de poner en valor los territorios del interior, promover la cohesión territorial y reforzar la identidad cultural. En este contexto, Turismo de Portugal, como organismo responsable de la ejecución de la política turística nacional, desempeña un papel central en la definición de las directrices que enmarcan y orientan la actuación regional y local.
El turismo como eje estratégico de desarrollo regional
1. El turismo como motor de cohesión territorial
El turismo se ha asumido como una política pública fundamental para reducir las asimetrías entre el litoral y el interior. La Estrategia Turismo 2027 señala explícitamente la cohesión territorial como uno de sus pilares centrales. Esto significa que el turismo no es solo una actividad económica, sino una herramienta para atraer inversión, mejorar infraestructuras y fijar población en territorios de baja densidad. En este sentido, el turismo puede funcionar como catalizador de políticas transversales, desde la movilidad hasta la ordenación del territorio, reforzando el vínculo entre sectores estratégicos como la agricultura, la cultura y el medio ambiente (Turismo de Portugal, 2023).
2. Integración en agendas nacionales y europeas
El turismo como eje estratégico se expresa también en la forma en que Portugal lo articula con las orientaciones europeas, en particular en el marco del Pacto Verde Europeo y de la Agenda 2030. La apuesta por destinos sostenibles, digitales y resilientes está alineada con las políticas de la Unión Europea y garantiza el acceso a fondos comunitarios, como el PRR y Portugal 2030, que incluyen líneas de financiación dirigidas al turismo en regiones menos competitivas. La visión es clara: utilizar el turismo como vehículo para alcanzar metas de desarrollo sostenible, generar empleo cualificado y poner en valor el patrimonio cultural (Comisión Europea, 2022).
3. Ejemplos de aplicación regional
Conviene ilustrar también cómo este papel estratégico se materializa ya en regiones concretas.
• En el Alentejo, el turismo ha sido un vector de dinamización de productos como el enoturismo, el oleoturismo y el turismo de naturaleza, integrando explotaciones agrícolas en circuitos turísticos y reforzando las marcas territoriales.
• En el Douro y en el Dão, el enoturismo tiene proyección internacional, da visibilidad a los territorios y crea valor añadido para los productores locales.
• En el Centro Interior, programas como Aldeias de Portugal muestran cómo pequeñas localidades pueden convertirse en polos turísticos reconocidos, preservando la autenticidad cultural y estimulando nuevas formas de economía local.
Estos ejemplos demuestran que el turismo, cuando está bien estructurado, actúa como factor de integración regional, genera empleo, fija población y promueve un desarrollo equilibrado y sostenible.
4. Perspectiva estratégica para la próxima década
El posicionamiento del turismo como eje estratégico de desarrollo regional no se agota en las acciones actuales. De cara al futuro, la prioridad será convertir Portugal en un destino turístico sostenible e innovador, capaz de equilibrar crecimiento económico, inclusión social y protección ambiental. Este planteamiento sitúa al turismo no solo como un sector económico de gran peso, sino como una auténtica palanca de desarrollo regional, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y con la Estrategia Turismo 2027.
El papel de Turismo de Portugal en la definición de las directrices
Turismo de Portugal desempeña un papel central en la definición de las orientaciones estratégicas del sector turístico en Portugal. Como organismo público responsable de la coordinación de la política nacional de turismo, garantiza que las líneas de actuación nacionales sean coherentes con los objetivos de desarrollo sostenible, con la puesta en valor del territorio y con la cualificación de la oferta. La Estrategia Turismo 2027 y los planes de acción más recientes son ejemplos concretos de esta función, ya que establecen metas claras de innovación, sostenibilidad y diversificación de la demanda, y funcionan como guía para los agentes regionales y locales.
El organismo asegura igualmente la articulación entre la escala nacional y las realidades regionales. Gracias a una relación estrecha con las Entidades Regionales de Turismo, es posible adaptar las orientaciones globales a las particularidades de cada territorio, promoviendo proyectos ajustados a las características locales y evitando solapamientos de inversión. Esta articulación garantiza que las políticas no se limiten a una visión centralizada, sino que incorporen también las dinámicas y necesidades regionales.
Otro eje relevante de la actuación de Turismo de Portugal es la apuesta por la cualificación de los recursos humanos. La red de Escuelas de Hostelería y Turismo ha sido esencial en la formación de profesionales en áreas clave como la hostelería, la restauración, el enoturismo, la gestión y el turismo rural. La formación continua, con especial énfasis en competencias digitales y en prácticas de sostenibilidad, ha ganado protagonismo en los últimos años, acompañando la evolución de la demanda y preparando al sector para responder a nuevos desafíos.
En el plano internacional, Turismo de Portugal es también responsable de la proyección de la marca VisitPortugal. La definición de las directrices incluye asimismo la forma en que el país se posiciona en los mercados exteriores, promoviendo una imagen de destino auténtico, sostenible y diversificado. En 2023 y 2024, las campañas internacionales se centraron en la promoción de experiencias durante todo el año y en la difusión de regiones menos conocidas, lo que contribuye a combatir la estacionalidad y a reforzar el atractivo de los territorios de baja densidad.
Impacto en las regiones de baja densidad
El impacto del turismo en las regiones de baja densidad de Portugal se ha acentuado en los últimos años, especialmente tras la recuperación pospandemia, cuando los patrones de demanda turística cambiaron de forma significativa. Entre 2020 y 2022 se observó una clara revalorización de los destinos alejados de los grandes centros urbanos y de las zonas costeras más masificadas, con los territorios rurales y del interior registrando tasas de crecimiento relevantes en alojamiento local y en unidades de turismo en el espacio rural (INE, 2022).
En 2024, los establecimientos de turismo en el espacio rural y de habitación sumaron 1.987 unidades, un crecimiento del 2,3 por ciento respecto al año anterior. Estos alojamientos ofrecieron 15.600 habitaciones (+3,9 por ciento) y 34.100 camas (+3,7 por ciento). Recibieron 1,4 millones de huéspedes (+5,4 por ciento) y registraron 3,1 millones de pernoctaciones (+5,7 por ciento), de las cuales el 55,3 por ciento correspondió a residentes, lo que confirma la relevancia del mercado interno para estos territorios (INE, 2024).
En el panorama nacional, los establecimientos de alojamiento turístico recibieron 30 millones de huéspedes y contabilizaron 77,2 millones de pernoctaciones en 2023, cifras que suponen aumentos del 13,2 por ciento y del 10,7 por ciento frente a 2022 (INE, 2023). En 2024, las pernoctaciones ascendieron a 80,3 millones (+4,0 por ciento) y los huéspedes a 31,6 millones (+5,2 por ciento). El sector alcanzó unos ingresos por alojamiento cercanos a los 6.700 millones de euros, un aumento del 10,9 por ciento en comparación con el año anterior (Turisver, 2024).
En el segmento específico del turismo en el espacio rural y de habitación, los datos más recientes confirman su vitalidad. Entre 2023 y 2024, este tipo de alojamiento registró la mayor subida porcentual entre todas las tipologías de oferta, con un crecimiento del 6,3 por ciento, superando tanto a la hotelería tradicional como al alojamiento local (ADRACES, 2025).
Desde el punto de vista económico, este dinamismo ha permitido diversificar las rentas de las familias y complementar la actividad agrícola. Muchos productores locales aprovechan la vertiente turística para dar salida a sus productos agroalimentarios, como vinos, aceites, quesos o embutidos. La demanda de experiencias inmersivas, entre ellas las vendimias, las catas de aceite o los recorridos a pie interpretativos, refuerza la sostenibilidad de las explotaciones y crea cadenas cortas de valor (ONU y Comité Europeo de las Regiones, 2024).
En el plano social, este crecimiento representa una oportunidad para contrarrestar la despoblación y crear condiciones para fijar población joven. Los empleos asociados al turismo en el medio rural, que abarcan alojamiento, restauración, animación turística o comercio local, funcionan como incentivo al emprendimiento y ayudan a mantener en funcionamiento servicios esenciales en aldeas y pueblos de baja densidad. Los programas Revive y Revive Natureza, impulsados por el Estado portugués, son también ejemplos de cómo inmuebles vacíos o sin uso se han reconvertido en unidades turísticas, a la vez que generan nuevas dinámicas sociales y económicas en zonas del interior (Turismo de Portugal, 2023).
En el ámbito cultural y patrimonial, el turismo ha sido motor de recuperación y puesta en valor de tradiciones y edificios históricos. En 2023 ya había 83 aldeas clasificadas como «Aldeias de Portugal», muestra de la apuesta por la autenticidad y por la preservación de la identidad regional, al tiempo que refuerza el orgullo de las comunidades locales y atrae a un perfil de visitante interesado en experiencias genuinas (RNAP, 2023). Las redes de Aldeias Históricas y Aldeias do Xisto son también ejemplos claros de cómo el turismo puede transformar pequeños núcleos de población en destinos de referencia, promoviendo la cultura local, la artesanía y la gastronomía.
En términos ambientales, el turismo en regiones de baja densidad ha estimulado prácticas de conservación del paisaje agrícola tradicional y de puesta en valor de las áreas protegidas. El Parque Nacional de Peneda-Gerês, por ejemplo, registró más de 66.000 visitantes en 2022, un aumento respecto a los 45.000 del año anterior (ICNF, 2022). Esta demanda creciente se prolonga en los años siguientes y confirma el interés por el turismo de naturaleza, a la vez que exige una gestión equilibrada entre preservación y aprovechamiento económico. Los proyectos de certificación de sostenibilidad, promovidos por Turismo de Portugal, han ido ganando relieve e incentivan a las unidades de alojamiento rural a adoptar prácticas respetuosas con el medio ambiente, como la eficiencia energética, la reutilización del agua y la integración de productos locales de bajo impacto ecológico (Turismo de Portugal, 2024).
Otro aspecto relevante tiene que ver con los desafíos futuros. Pese al crecimiento, muchas de estas regiones siguen afrontando problemas estructurales, como la escasez de mano de obra cualificada, la falta de transporte público regular y la débil cobertura digital en algunas zonas. Estos factores limitan la competitividad y exigen una respuesta coordinada mediante políticas públicas, programas de capacitación y una mayor articulación con los fondos comunitarios (Minhaterra, 2024). La estacionalidad continúa siendo otro obstáculo, sobre todo en las regiones del interior, que dependen en gran medida del verano y de los periodos festivos. La apuesta por productos turísticos de todo el año, como el enoturismo, el turismo de bienestar y el turismo científico, puede ser la clave para equilibrar la demanda.
Desafíos y perspectivas de futuro
La estacionalidad sigue siendo uno de los mayores desafíos del turismo en Portugal. Muchas regiones dependen en gran medida del verano y de algunos periodos festivos, lo que genera picos de demanda concentrados y largos periodos de baja actividad. Esta realidad limita la rentabilidad de las inversiones y debilita la sostenibilidad del sector, especialmente en las regiones del interior. La respuesta pasa por crear productos turísticos diversificados y repartidos a lo largo del año, como el enoturismo, el oleoturismo, el turismo religioso, el turismo científico y el turismo sénior, con potencial para atraer flujos regulares en épocas tradicionalmente más flojas (Turismo de Portugal, 2023).
Otro desafío tiene que ver con la falta de mano de obra cualificada. El sector afronta dificultades crecientes para contratar profesionales, tanto en hostelería como en restauración y animación turística. Esta escasez está asociada a factores como la estacionalidad del trabajo, unos salarios poco competitivos y la elevada movilidad internacional de los trabajadores. El futuro del turismo dependerá de la capacidad de retener talento, dignificar las carreras profesionales e invertir en formación, incluidas las competencias digitales y la gestión de la sostenibilidad (Turismo de Portugal, 2023).
La transición digital es igualmente una prioridad. Muchos operadores turísticos de regiones de baja densidad presentan todavía una escasa presencia en línea y poca capacidad de promoción internacional. La apuesta por herramientas digitales, plataformas de reservas, marketing territorial y soluciones de gestión inteligente resulta decisiva para aumentar la competitividad y mejorar la experiencia del visitante. Programas como NEST, el Centro de Innovación del Turismo, tienen la misión de acelerar esta transición y apoyar a las pequeñas y medianas empresas del sector (NEST, 2024).
En el plano ambiental, los desafíos son considerables. El cambio climático incide directamente en el turismo, con fenómenos como sequías prolongadas, incendios forestales y olas de calor que afectan a recursos esenciales y a la percepción de seguridad del destino. La Agencia Portuguesa del Medio Ambiente señaló en 2024 que gran parte del territorio nacional afronta presión hídrica, con implicaciones directas para las actividades agrícolas y turísticas (APA, 2024). El sector tendrá que invertir en prácticas de eficiencia energética, gestión sostenible del agua y certificaciones ambientales para mantenerse competitivo y atractivo en un mercado cada vez más sensible a la sostenibilidad.
En cuanto a las perspectivas de futuro, destacan tendencias que ya están moldeando la demanda turística a escala global. La Organización Mundial del Turismo prevé que, hasta 2030, los segmentos de turismo sostenible, turismo de naturaleza y turismo de bienestar estén entre los que más crezcan (OMT, 2023). Portugal está bien posicionado para acompañar esta evolución, siempre que consiga poner en valor sus recursos naturales y culturales de forma equilibrada, sobre todo en los territorios de baja densidad.
La innovación y la creación de nuevos productos se presentan también como líneas estratégicas de futuro. La integración del turismo con la ciencia, la tecnología y el bienestar, la apuesta por destinos inteligentes y la adaptación de la oferta a perfiles específicos de visitantes, como nómadas digitales, viajeros sénior o familias multigeneracionales, pueden abrir nuevas oportunidades de mercado (Turismo de Portugal, 2024).
Por último, la cohesión territorial se mantiene como un desafío de fondo. El futuro del turismo en Portugal dependerá de la capacidad de reducir las asimetrías entre el litoral y el interior, garantizando que los beneficios económicos, sociales y ambientales del sector se distribuyan de forma más equilibrada. Para ello será fundamental articular las políticas nacionales con las estrategias regionales, aprovechar los fondos comunitarios e implicar activamente a las comunidades locales en la planificación y gestión de los destinos.
Conclusión
El turismo es hoy un eje estratégico para el desarrollo regional en Portugal, no solo por su impacto económico directo, sino también por su capacidad de generar cohesión territorial, poner en valor las culturas locales y crear sinergias con sectores como la agricultura. El papel de Turismo de Portugal ha sido determinante en la definición de directrices nacionales y regionales, y ha asegurado una visión integrada, sostenible e innovadora.
Para los territorios rurales y agrícolas, esta visión representa una oportunidad única de reconocimiento y afirmación. La combinación de patrimonio natural, tradiciones culturales y producción agrícola posiciona a Portugal como un destino turístico diferenciado, con capacidad de atraer visitantes que buscan autenticidad y experiencias de calidad.