Cómo Reducir la Huella Ambiental en una Pequeña Explotación Agrícola

Según la UNESCO, en febrero de 2024, la Agricultura era responsable de cerca del 70 % de toda la captación de agua dulce a nivel mundial. El sector representa además el 27 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (WWF, 2024).

Los datos de Our World in Data, de noviembre de 2022, añaden que el 94 % de la biomasa animal corresponde a animales de ganadería y que el 78 % de la eutrofización observada en los ecosistemas acuáticos resulta del uso de fertilizantes. Estas cifras evidencian el impacto significativo de la agricultura sobre los recursos naturales, el clima y la biodiversidad, y refuerzan la importancia de adoptar prácticas más sostenibles y eficientes.

Pero antes de comprender cómo reducir la huella ambiental en una pequeña explotación agrícola, es fundamental entender qué representa este concepto.

La huella ambiental es un indicador compuesto que mide el impacto total de las actividades humanas sobre el medio ambiente. Evalúa no solo el uso de recursos naturales, sino también los efectos asociados a:

  • Emisiones de gases de efecto invernadero;
  • Consumo de agua;
  • Producción de residuos;
  • Contaminación del suelo, del aire y del agua;
  • Pérdida de biodiversidad.

Este concepto ganó relevancia con iniciativas de la Comisión Europea, en especial con el proyecto Product Environmental Footprint (PEF), lanzado en 2013. El PEF busca establecer una metodología común para medir el desempeño ambiental de productos y organizaciones a lo largo de su ciclo de vida.

"La Huella Ambiental es una medida multifactorial que evalúa los impactos ambientales asociados a un producto, servicio u organización a lo largo de su ciclo de vida." European Commission, 2013, Product Environmental Footprint Guide

De acuerdo con la norma ISO 14040, el Análisis del Ciclo de Vida (ACV) tiene como objetivo cuantificar los impactos ambientales en todas las fases del ciclo de vida de un producto. Veamos el ejemplo del tomate cultivado en invernadero:

Etapas del Análisis del Ciclo de Vida:

Ejemplo del tomate de invernadero

  1. Extracción de recursos naturales Captación de agua para riego;

    Consumo de energía (como electricidad para sistemas de climatización o de bombeo);

    Producción de fertilizantes, pesticidas y plásticos agrícolas (p. ej. films de cobertura).

  2. Producción y transformación de materiales Fabricación de los componentes estructurales del invernadero (metales, vidrio, plásticos);

    Producción de equipos, sistemas de riego, envases y maquinaria agrícola.

  3. Fabricación y montaje (fase de cultivo) Operaciones como siembra, riego, fertilización y control de plagas;

    Emisiones derivadas del uso de fertilizantes nitrogenados (p. ej. óxido nitroso – N₂O).

  4. Distribución Transporte de los tomates hasta centros de envasado o puntos de venta;

    Almacenamiento refrigerado, con el consumo energético asociado.

  5. Uso por el consumidor Lavado, refrigeración y preparación de los alimentos;

    Posibles desperdicios alimentarios a nivel doméstico.

  6. Destino final (fin de vida) Destino de los envases (reciclaje, compostaje, depósito en vertedero);

    Restos de tomate no consumidos (desperdicio alimentario).

Reducir la huella ambiental en una explotación agrícola significa disminuir los impactos negativos de la actividad sobre el suelo, el agua, el aire, el clima y la biodiversidad. Incluso con recursos limitados es posible adoptar prácticas más eficientes, sostenibles y regenerativas, promoviendo una producción más responsable y resiliente.

Algunas estrategias prácticas para reducir la huella ambiental

  1. Gestión eficiente del agua Utilizar sistemas de riego por goteo o sensores de humedad para optimizar el consumo;

    Recoger aguas pluviales para usos no potables;

    Evitar regar en las horas de mayor evaporación.

  2. Uso responsable de fertilizantes y pesticidas Aplicar una fertilización localizada y ajustada a partir de análisis de suelo;

    Priorizar fertilizantes orgánicos o de origen natural;

    Recurrir al control biológico de plagas siempre que sea posible.

  3. Promoción de la biodiversidad Preservar setos, zonas de vegetación espontánea y áreas de barbecho;

    Practicar la rotación de cultivos para mejorar la salud del suelo y reducir la presión de plagas.

  4. Adopción de prácticas regenerativas Mantener el suelo cubierto con paja o restos vegetales;

    Implementar el compostaje local;

    Reducir el laboreo del suelo para mejorar su estructura y aumentar el secuestro de carbono.

  5. Selección consciente de materiales e insumos Evitar plásticos de un solo uso;

    Comprar localmente para reducir las emisiones del transporte;

    Elegir variedades adaptadas al clima local, más resistentes a condiciones extremas.

  6. Valorización de la energía y de los residuos Instalar paneles solares para bombeo o iluminación, cuando sea viable;

    Compostar residuos vegetales y estiércol;

    Reutilizar materiales agrícolas y estructuras existentes.

  7. Mejora de la logística y la distribución Vender en mercados locales o a través de circuitos cortos, como cestas o acuerdos con la restauración;

    Organizar las cosechas por encargo para evitar el desperdicio alimentario.

La reducción de la huella ambiental en una pequeña explotación agrícola no depende únicamente de grandes inversiones o de tecnologías avanzadas. Depende, sobre todo, de una gestión consciente de los recursos, de la adopción de prácticas más eficientes y de la capacidad de integrar soluciones sostenibles en el día a día de la producción.

Al aplicar medidas como la gestión eficiente del agua, la fertilización ajustada, la protección de la biodiversidad, el aprovechamiento de residuos y la optimización de la logística, es posible disminuir los impactos negativos sobre el medio ambiente y, al mismo tiempo, mejorar la eficiencia económica de la explotación.

Cada pequeño cambio contribuye a un resultado global más positivo y refuerza la resiliencia de la actividad agrícola y su relevancia en el futuro de una producción alimentaria responsable. Invertir en sostenibilidad es invertir en la longevidad del negocio y en el equilibrio de los ecosistemas de los que depende.