La importancia de preservar las razas bovinas autóctonas portuguesas
Portugal es un país de gran diversidad ganadera, con más de 15 razas bovinas autóctonas registradas. Estas razas son fruto de siglos de adaptación al clima, a los suelos y a las prácticas agrícolas de cada región. Más que animales de producción, representan identidad cultural, genética y gastronómica.
Sin embargo, muchas se encuentran en riesgo: en varias de ellas existen menos de 7500 hembras en pureza, una cifra crítica para su continuidad. La pérdida de una raza no significa solo la extinción de un animal, sino también de todo un conjunto de saberes tradicionales, prácticas agrícolas y diversidad genética fundamental para el futuro de la ganadería.
Razas autóctonas portuguesas: diversidad, identidad y tradición
El patrimonio ganadero portugués es amplio y diverso, y refleja siglos de adaptación al territorio y al modo de vida de las comunidades rurales. Entre las razas bovinas autóctonas destacan 16 que siguen presentes en el país, aunque algunas estén en vías de extinción.
En el sur, la Alentejana se impone por su porte y su rusticidad, y es una de las razas nacionales más antiguas. Resistente al calor y a las sequías prolongadas, produce carne de elevada calidad y en su día se empleó ampliamente en labores agrícolas. Cerca del litoral encontramos la Preta, una raza de porte robusto y capa negra uniforme, igualmente adaptada a climas cálidos, que ofrece una carne muy apreciada. En el Algarve, la discreta Algarvia sobrevive con efectivos reducidos y destaca por su capacidad de resistencia en ambientes áridos. También en la misma región del Ribatejo y del Alentejo encontramos la Brava de Lide, famosa por su uso en las corridas, criada en régimen extensivo y con un fuerte vínculo con la cultura ibérica.
En el centro del país sobresale la Marinhoa, típica de las vegas de Aveiro. De gran porte, se usó antaño como animal de tiro y hoy se reconoce por su carne DOP. Más hacia el interior aparece la Jarmelista, natural de la Serra da Estrela, una raza de menor tamaño y actualmente en riesgo de extinción, pero que representa una parte importante de la ganadería tradicional de la Beira. La Garvonesa, originaria de la Serra de São Mamede, es otro ejemplo de raza en estado crítico de conservación, que sobrevive gracias a la rusticidad que siempre la ha caracterizado. La menos conocida Catrina, criada en pequeñas áreas serranas, es otro símbolo de la lucha por la preservación de nuestro patrimonio genético.
En el norte la diversidad es aún mayor. La Barrosã, de Trás-os-Montes, se reconoce fácilmente por sus cuernos en forma de lira y por su carne excepcional con certificación DOP. La vecina Maronesa, de la sierra del Marão, es también muy rústica y está adaptada a la montaña, y produce carne de calidad. La Arouquesa, típica de la región de Arouca, destaca por su porte más pequeño y por una carne jugosa, considerada de las mejores del país. La Mirandesa, de la meseta de Miranda do Douro, fue en su momento esencial como animal de trabajo, pero hoy se reconoce sobre todo por su carne DOP y por su vínculo con la gastronomía local, como la célebre posta mirandesa.
En la misma región encontramos además la Minhota, una de las razas más antiguas y versátiles, utilizada tanto para carne como para leche, con un papel esencial en los sistemas familiares de subsistencia. La Cachena, de pequeño porte pero con cuernos enormes, se ha adaptado de forma ejemplar a las zonas montañosas pobres en pasto y revela una rusticidad notable.
Por último, en las Azores, la Ramo Grande sigue siendo una referencia de la ganadería insular. Presente sobre todo en la isla Terceira, es una raza de triple aptitud, carne, leche y trabajo, que mantiene viva la tradición agrícola azoriana.

¿Por qué debemos preservar estas razas?
Las razas autóctonas portuguesas desempeñan papeles esenciales que van mucho más allá de la producción de carne o de leche:
- Sostenibilidad ambiental: adaptadas al territorio, necesitan menos recursos externos y ayudan a preservar los ecosistemas mediante el pastoreo extensivo.
- Biodiversidad: cada raza es un reservorio genético único, importante para la resiliencia de la ganadería frente a enfermedades o al cambio climático.
- Cultura y tradición: se vinculan a las regiones, a las comunidades e incluso a la gastronomía, y forman parte de la herencia rural portuguesa.
- Puesta en valor económica: los productos certificados (como la carne DOP) abren puertas a mercados diferenciados y de mayor valor añadido.
¿Cómo preservar las razas autóctonas portuguesas?
Apoyar a los productores locales
La primera forma de preservación pasa por el consumo. Comprar carne y leche certificadas, como las carnes DOP (denominación de origen protegida), garantiza mercado a los productores y los anima a seguir criando estas razas.
Promover el consumo consciente
Optar por productos de razas autóctonas es elegir calidad y sostenibilidad. Estos animales están adaptados al territorio, lo que reduce el impacto ambiental y favorece sistemas extensivos más respetuosos con el medio.
Poner en valor y divulgar
Compartir conocimiento es fundamental. Hablar de estas razas, visitar las regiones donde se crían y apoyar ferias e iniciativas rurales contribuye a que más personas reconozcan su valor y su importancia.
Invertir en investigación y conservación
Los proyectos de conservación genética, los programas de apoyo y las medidas públicas de incentivo son cruciales para garantizar que estas razas se sigan preservando y evolucionando.
Las razas bovinas autóctonas portuguesas son un auténtico patrimonio vivo. Proteger estas razas significa defender la biodiversidad, apoyar la sostenibilidad agrícola y mantener vivo el vínculo cultural entre las comunidades y el territorio.
Cada elección, ya sea en el consumo, en el apoyo a los productores o en la divulgación, es un paso para garantizar que estas razas sigan existiendo y enriqueciendo la agricultura portuguesa en el futuro.