Fuego bacteriano: la amenaza que pone en riesgo la pera rocha y la manzana de Alcobaça

En los fértiles campos del Oeste portugués, el paisaje agrícola está profundamente marcado por dos frutas que se han convertido en símbolos nacionales: la pera rocha y la manzana de Alcobaça. Estos cultivos representan décadas de tradición y conocimiento acumulado, son el sustento de miles de agricultores y garantizan millones de euros en exportaciones anuales. Pero esta historia de éxito se enfrenta hoy a una amenaza sin precedentes. El enemigo se llama fuego bacteriano, una enfermedad que quema los árboles por dentro y que, en pocos años, se ha convertido en el mayor peligro para la fruticultura portuguesa.

El fuego bacteriano está causado por la bacteria Erwinia amylovora, que ataca a especies de la familia de las rosáceas. Perales, manzanos, membrilleros y espinos pueden verse infectados. Los síntomas son llamativos: ramas y hojas con aspecto chamuscado, flores que se marchitan antes de tiempo, frutos ennegrecidos y secos, muchas veces adheridos al árbol como si estuvieran momificados. En casos graves, el árbol entero acaba por consumirse.

El problema no está solo en los síntomas. La bacteria se propaga con facilidad por el viento y la lluvia, la transportan los insectos polinizadores e incluso las herramientas de poda o la ropa de quien circula por el huerto. Para agravarlo, a diferencia de muchas enfermedades que entran en reposo en invierno, el fuego bacteriano sobrevive dentro de chancros en las ramas y los troncos, y regresa con fuerza cuando llega la primavera. Según el INIAV, este comportamiento hace que la enfermedad sea prácticamente endémica en regiones como el Oeste.

Cómo funciona el ciclo de la bacteria Erwinia amylovora

El ciclo es continuo y explica por qué la enfermedad es tan difícil de erradicar. Durante el invierno, la bacteria permanece activa en chancros oscuros y agrietados en las ramas y los troncos. Con la llegada de la primavera, y con temperaturas de entre 15 y 25 grados acompañadas de humedad, la bacteria despierta y comienza a multiplicarse, liberando un exudado pegajoso que rezuma de las heridas. Ese líquido, entre blanquecino y ámbar, contiene millones de bacterias listas para viajar.

Las flores, que surgen en esta época, se convierten en la principal puerta de entrada. Abejas, moscas y avispas transportan el exudado al visitar las flores, la lluvia y el viento esparcen las gotas contaminadas e incluso las herramientas y la ropa pueden llevar la bacteria hasta nuevos árboles. Una vez instalada en el néctar, se multiplica rápidamente y penetra en los tejidos internos.

Durante el verano, la enfermedad se disemina hacia las ramas jóvenes, las hojas y los frutos. Es en esta fase cuando los síntomas se hacen más evidentes: ramas nuevas que se curvan en forma de cayado de pastor, hojas quemadas y frutos ennegrecidos que permanecen agarrados a los árboles. Cuando no se controla su avance, la bacteria alcanza el tronco y las ramas principales, y forma chancros marrones y agrietados. Estos chancros sirven de refugio durante el invierno, cierran el ciclo y garantizan que, en la primavera siguiente, todo vuelva a empezar.

¿Por qué no existe una "cura"?

Una de las mayores frustraciones de los agricultores es la ausencia de un tratamiento eficaz. Muchos se preguntan por qué existen fungicidas que controlan enfermedades como el mildiu, pero no hay un bactericida que resuelva este problema. La respuesta es dura: no existe cura para los árboles ya infectados.

Los productos disponibles, como los que tienen base de cobre, los biológicos o los inductores de resistencia, solo ayudan a reducir el riesgo de infección antes de que la bacteria entre. Pero, una vez instalada, no hay forma de eliminarla. En Estados Unidos, desde los años 50 se utiliza estreptomicina en algunas regiones, pero en la Unión Europea este uso está prohibido por razones de salud pública y de resistencia bacteriana.

En Portugal, el control depende de medidas preventivas y, en los casos confirmados, del arranque y la quema de los árboles infectados. Según la DGAV, en la guía publicada en agosto de 2025, esta sigue siendo la única solución eficaz en vigor.

Hay esperanza en la investigación, con proyectos que estudian el uso de bacteriófagos, extractos de algas y programas de selección de árboles más tolerantes. Estas iniciativas fueron destacadas por el Ministerio de Agricultura en febrero de 2025, en declaraciones a Lusa, pero todavía están en fase experimental y no ofrecen una respuesta inmediata.

La pera rocha: símbolo nacional en riesgo

La pera rocha es una fruta única en el mundo y cuenta con Indicación Geográfica Protegida. Cultivada sobre todo en el Oeste, representa más del 70% de la producción nacional de peras, casi toda destinada a la exportación a países como Reino Unido, Brasil, Francia y Alemania.

Pero la enfermedad ya ha dejado marcas profundas. Según la ANP, en declaraciones al Jornal de Notícias (24 de agosto de 2025), entre 2021 y 2024 se vio afectado cerca del 48% de la superficie de pera rocha, lo que causó pérdidas de 45 millones de euros. Solo en 2023 y 2024 desaparecieron 700 hectáreas de huerto, equivalentes a 35 millones de euros, de acuerdo con ECO (1 de febrero de 2025). La producción cayó de 216 mil toneladas en 2021 a solo 115 mil en 2024, también según la ANP a ECO.

Además de la pérdida directa de fruta, están los costes de mantenimiento y limpieza de los huertos. Las podas sanitarias, los arranques y las quemas cuestan muchas veces decenas de miles de euros por explotación, cifras inasumibles para productores de pequeña y mediana dimensión.

La manzana de Alcobaça: una víctima silenciosa

Si la pera rocha es el rostro más visible de la crisis, la manzana de Alcobaça también está en riesgo. Con Denominación de Origen Protegida, representa cerca de la mitad de la producción nacional de manzana certificada y se cultiva en huertos repartidos por el municipio y sus alrededores.

El fuego bacteriano ataca igualmente a los manzanos. Las flores se secan, las ramas presentan aspecto quemado y los frutos se ennegrecen, y permanecen adheridos al árbol. Algunas variedades muestran mayor tolerancia que el peral Rocha, pero la bacteria no hace distinciones. Ya hay registros de focos en Alcobaça, y los productores alertan de pérdidas parciales. Según los relatos recogidos por la prensa regional en 2024, existe un temor generalizado a que, si la enfermedad sigue avanzando, los manzanos sufran la misma devastación que los perales.

Historias que muestran la dimensión del problema

Las cifras impresionan, pero las historias de los agricultores hacen la crisis más real. Nelson Costa, agricultor de Caldas da Rainha, contó al Jornal de Notícias (2025) que gastó 40 mil euros en limpiezas en un solo año y, aun así, perdió más de la mitad de la producción.

En Bombarral, Vítor Fonseca, de Casa Agrícola da Gafa, afirmó a ECO (2025) que la productividad cayó de 35 a 17 toneladas por hectárea en 2024. Para proteger su explotación, tuvo que alquilar terrenos vecinos y arrancar árboles infectados, ya que el propietario no tenía medios para intervenir.

En Alcobaça, los productores de manzana relatan síntomas en manzanos DOP, lo que refuerza el riesgo de perder también este sector nacional.

Por qué el Oeste es un objetivo perfecto

El Oeste reúne condiciones que hacen que la región sea muy vulnerable:

  • La pera rocha es genéticamente sensible al fuego bacteriano.
  • El paisaje agrícola está dominado por grandes bloques de monocultivo continuo, que facilitan la propagación.
  • El clima atlántico, húmedo a lo largo de todo el año, favorece la supervivencia de la bacteria.
  • Muchos huertos tienen perales y manzanos lado a lado, y ofrecen siempre un hospedador.
  • Basta un huerto abandonado o un vecino sin medios de intervención para mantener la enfermedad activa.

Según técnicos del INIAV (2024), esta combinación convierte al Oeste portugués en una de las regiones europeas más expuestas al avance de la enfermedad.

Medidas ya en marcha

A pesar de la gravedad de la situación, hay esfuerzos para contener la enfermedad. De acuerdo con la DGAV, en la guía publicada en agosto de 2025, es obligatorio arrancar y quemar los árboles infectados, desinfectar las herramientas y queda prohibido mover material vegetal sin autorización.

Se autorizó de forma excepcional el uso de un producto a base de bacteriófagos, el PEA-02, visto como una esperanza para reducir la presión de la enfermedad. Esta autorización excepcional fue anunciada por la DGAV en 2025.

Paralelamente, la Comunidade Intermunicipal do Oeste lanzó la campaña "Detetar cedo é travar a doença" (Detectar pronto es frenar la enfermedad), difundida en Voz do Campo (2025), para sensibilizar a los agricultores y a la población en general.

En el plano político, CONFAGRI pidió en febrero de 2025, en un comunicado citado por Vida Rural, que la situación se reconozca como catástrofe natural. Por su parte, el Ministerio de Agricultura anunció a Lusa, citada por Notícias ao Minuto, que está preparando un plan específico para el sector.

¿Qué falta por hacer?

Los agricultores reconocen los esfuerzos, pero insisten en que todavía no son suficientes. La lucha exige:

  • Inspección efectiva, para garantizar que todos cumplan las normas.
  • Apoyo financiero, sin el cual muchos productores no pueden asumir los costes de arranque y replantación.
  • Más investigación, acelerando el desarrollo de soluciones biológicas y de variedades resistentes.
  • Planificación colectiva, con la participación de grandes y pequeños productores, así como de los huertos particulares.

¿Cómo han afrontado el problema otros países?

El fuego bacteriano es un problema global y ya ha dejado huella en otros países. En España, según el Ministerio de Agricultura español, brotes graves en peras y manzanas llevaron a arranques obligatorios y a restricciones al movimiento de plantas.

En Italia, la región del Valle del Po sufrió brotes graves en manzanos, lo que obligó a la destrucción rápida de los huertos infectados, tal como se recoge en informes agrícolas regionales.

En Estados Unidos, según la Universidad de Cornell, el uso continuado de antibióticos desde los años 50 creó cepas resistentes, que hoy son un problema adicional.

En Marruecos, la experiencia fue devastadora: la pera rocha, que llegó a producirse para la exportación, prácticamente desapareció tras brotes violentos. Según la Confederación de Agricultores de Marruecos, muchos productores abandonaron los huertos.

¿Qué está en juego para Portugal?

El impacto va más allá de las explotaciones individuales. Según la ANP, la pera rocha genera más de 85 millones de euros anuales en exportaciones. La manzana de Alcobaça es un producto de prestigio y tiene un potencial creciente en los mercados internacionales. Ambos sectores representan miles de empleos directos e indirectos.

Perder estos cultivos sería perder competitividad, abrir espacio a las importaciones y debilitar la economía rural del Oeste. Además de la vertiente económica, está la dimensión cultural: ferias, festivales y gastronomía regional giran en torno a estas frutas, que forman parte de la identidad agrícola nacional.

Se pueden dibujar tres caminos para el sector:

  1. Recuperación: con apoyos financieros, medidas eficaces y avances en la investigación, es posible controlar la enfermedad y recuperar la producción.
  2. Supervivencia con pérdidas: la enfermedad se vuelve crónica, obliga a limpiezas anuales y genera pérdidas recurrentes del 10 al 20%. El sector sobrevive, pero con márgenes ajustados y dependencia de las ayudas.
  3. Declive: si no se hace nada, más agricultores abandonan los huertos y Portugal pasa de exportador a importador de peras y manzanas.

El fuego bacteriano es más que una enfermedad de los árboles. Es una prueba de la capacidad de respuesta colectiva de la agricultura portuguesa. La pera rocha y la manzana de Alcobaça no son solo frutas: son símbolos nacionales, generan empleo, sostienen exportaciones y forman parte de nuestra identidad cultural.

Como alertó CONFAGRI en 2025, sin el reconocimiento de catástrofe natural y sin medidas urgentes, el sector puede colapsar.