Buenas Prácticas en la Cosecha de la Castaña: Aumentar la Calidad y el Valor en Tiempos Difíciles
La castaña se afirma como uno de los productos agrícolas más emblemáticos de Portugal, con un fuerte peso económico, social y cultural, sobre todo en las regiones de Trás-os-Montes, Minho y Beira Interior. Su relevancia estratégica para el sector es incuestionable, dada la importancia que tiene en la creación de empleo rural, en el volumen de exportación y en la identidad cultural de las regiones productoras. Sin embargo, los productores se enfrentan a un escenario de desafíos crecientes, desde la competencia internacional hasta la mayor exigencia de calidad y los fenómenos derivados del cambio climático. En este contexto, reforzar las buenas prácticas en todas las fases de la producción resulta fundamental para garantizar niveles de excelencia y, en consecuencia, aumentar el valor y la capacidad de exportación de la castaña portuguesa.
La Base de la Calidad: Mantenimiento y Nutrición del Soto
La calidad, el calibre y la sanidad del fruto se determinan mucho antes de la cosecha, en la fase de mantenimiento y conducción del cultivo. La escasez de nutrientes, por ejemplo, se traduce inevitablemente en una menor tasa de crecimiento de los árboles y repercute directamente en la producción. Por esta razón, la gestión técnica del suelo es crucial.
Las prácticas que implican laboreos anuales deben evitarse de forma estricta, ya que los estudios indican que esta práctica no demuestra un efecto positivo sobre la productividad y, peor aún, contribuye a la degradación de la calidad del suelo y de la sostenibilidad del sistema. Los efectos negativos del laboreo incluyen la reducción del tamaño de las raíces, la pérdida de materia orgánica y la destrucción de las micorrizas, además de favorecer la propagación de la enfermedad de la tinta (Phytophthora cinnamomi).
La opción técnica más sólida y sostenible es el suelo cubierto con vegetación herbácea, ya sea natural o sembrada. Esta cubierta aporta una serie de ventajas, entre ellas la mejora de la infiltración del agua y de la aireación del suelo, y el apoyo a los sistemas de protección integrada mediante el incremento de las poblaciones de depredadores. Al optar por la siembra de una pradera permanente biodiversa, que debe ser una mezcla de varias especies, el foco debe recaer en las leguminosas (como Trifolium subterraneum y Ornithopus sativus), pues estas fijan el nitrógeno atmosférico, lo que, en la práctica, significa que el agricultor puede reducir sus costes de abonado nitrogenado. Es esencial que en esta mezcla no se utilice altramuz blanco (Lupinus albus), ya que es hospedante de la temida enfermedad de la tinta. Esta pradera debe segarse a finales de mayo o principios de junio y de nuevo antes de la recolección, utilizando desbrozadoras.

Fertilización Orientada por Datos Técnicos
La planificación de la fertilización debe ser rigurosa y apoyarse en los análisis de suelo (recomendados cada tres años) y en los análisis foliares. Al utilizar conjuntamente estas dos herramientas de gestión se evita la aplicación excesiva o insuficiente de enmiendas y fertilizantes.
La corrección del suelo debe priorizar la acidez y la materia orgánica en invierno. Dado que la mayoría de los suelos de soto de las regiones productoras son de naturaleza esquistosa o granítica, con niveles de acidez bastante elevados (pH = 4 a 5), la aplicación de caliza dolomítica es indispensable para elevar el pH hasta el nivel ideal (5,5 a 6,5). En cuanto a los nutrientes, el Potasio (K2O) y el Fósforo (P2O5) deben aplicarse en invierno. El Fósforo, en especial a través de fosfonatos, es vital para la defensa del árbol frente a la enfermedad de la tinta, ya que promueve la síntesis de fitoalexinas (compuestos con acción fungicida). Por cada tonelada de castaña cosechada (peso seco) se exportan de media 10 kg de Potasio y 9 kg de Nitrógeno, valores que sirven de base para la reposición.
El Nitrógeno debe aplicarse en mayo, y el Boro es igualmente fundamental en ese período, siendo crucial para la polinización y para la protección de los árboles jóvenes frente a las heladas. Su carencia contribuye a la muerte apical y al aborto del fruto. En la práctica, esto significa que el agricultor, al corregir estas carencias con pequeñas dosis de boro (unos 50 g de Bórax por árbol), asegura un porcentaje de cuajado del fruto significativamente superior.
La Protección Integrada: Lucha Racional contra las Plagas
A partir de 2014, la protección de las plantas pasó a orientarse obligatoriamente según los principios de la Protección Integrada (PI), que recurre a la lucha química solo como último recurso, cuando esta resulta reconocidamente indispensable. La lucha se planifica mediante la estimación del riesgo, que evalúa la intensidad del ataque y la influencia de factores ambientales y de cultivo.
La monitorización, utilizando la observación visual en recorridos en zigzag por la parcela y el uso de trampas (como las sexuales de tipo Delta), permite determinar el Nivel Económico de Ataque (NEA), que define el momento exacto en que la intervención es necesaria.
En la lucha contra la Carpocapsa de la Castaña, que puede provocar un destrío de 220 kg por cada 1000 kg de castaña cosechada, el enfoque técnico es complejo. La lucha biológica pasa por el recurso a feromonas para la técnica de confusión sexual (empleando de 300 a 600 difusores por hectárea), que impide el apareamiento. Se recurre además a microorganismos entomopatógenos, como Bacillus thuringiensis (CoStar WG®) y el hongo Beauveria bassiana (Naturalis®), que se adhiere y penetra la cutícula de los insectos. Una estrategia avanzada es la aplicación otoñal de nematodos entomopatógenos (Steinernema feltiae) en el suelo, donde buscan y matan larvas y pupas hibernantes en 24 a 72 horas.
Contra la Avispilla del Castaño (Dryocosmus kuriphilus), el único medio de lucha eficaz es el agente de lucha biológica (Torymus sinensis). Es vital saber que parte de la población de Torymus puede permanecer dentro de las agallas secas durante dos años, por lo que las prácticas de cultivo deben evitar el corte o la quema de esos materiales tras la inoculación. En la práctica, la adopción de estas estrategias, junto con el control sanitario (como la Poda Sanitaria ejecutada en verano, con tiempo seco, para combatir el chancro cortical), resulta crucial.

Podredumbre de la castaña | Fuente: Renascença
IV. Rigor en la Cosecha y Gestión Avanzada de la Poscosecha
El momento de la cosecha se sitúa normalmente entre la segunda quincena de octubre y la primera de noviembre, según la variedad y la localización. La recolección manual, aunque costosa (50 % de los costes de mantenimiento del soto), suele preferirse para la castaña destinada al mercado en fresco, ya que evita que el fruto quede rayado y sufra golpes que aceleran su depreciación.
En sotos de mayor tamaño y llanos, la cosecha mecánica por aspiración resulta rentable. Para ello, el suelo debe estar lo más limpio posible, sin labores tradicionales, sino con el corte de la cubierta vegetal realizado con desbrozadoras. El rendimiento de trabajo de estas máquinas autopropulsadas varía entre 500 y 1600 kg/hora, siendo la superficie mínima necesaria para rentabilizar este equipo de 10 hectáreas.

Recolección mecanizada de la castaña | Fuente: Contacto
Almacenamiento y Comercialización de Alto Rendimiento
Inmediatamente después de la cosecha, el acondicionamiento debe hacerse en sacos de red o rafia para facilitar la aireación, ya que los sacos de plástico están totalmente desaconsejados por favorecer las fermentaciones. El rápido calentamiento derivado del metabolismo de las castañas, acentuado a temperatura ambiente, acelera la pérdida de agua y el marchitamiento, permitiendo la rápida instalación de hongos.
Para una conservación eficiente, las unidades de mayor tamaño utilizan cámaras frigoríficas con temperaturas entre 0-2 ºC y humedad relativa del 90-95 %. Para una conservación más prolongada (4 a 6 meses) se recurre a la atmósfera controlada (AC), que se basa en la disminución del metabolismo del fruto mediante altas tasas de CO2 y bajas tasas de O2. Es fundamental garantizar una buena ventilación en estas cámaras para evitar la condensación.
El control de la podredumbre emergente (Gnomoniopsis castanea), cuyos síntomas solo son visibles cuando el fruto se corta (el hongo puede vivir como endófito sin síntomas externos), se realiza en el almacén mediante la conservación a 2 ºC y, como estrategia de tratamiento, mediante la aplicación de ozono. Para la carpocapsa, el tratamiento en la industria pasa por las líneas de agua caliente (45 minutos a 48 ºC) o las líneas de agua fría (5 a 8 días).
En la comercialización, el calibrado es fundamental, ya que los compradores pagan más por lotes homogéneos. Los calibres más habituales varían, y el mercado exige, por ejemplo, el calibre 80/85 para los asadores de Alemania. La castaña debe clasificarse en las categorías Extra, I o II. Para la exportación el rigor es máximo: es obligatorio que las empresas dispongan de la certificación de su unidad de tratamiento ante la DGAV para países fuera de la UE, garantizando la conformidad con las normas fitosanitarias. La trazabilidad y el etiquetado son cruciales, y deben indicar el nombre de la variedad, el país de origen y el calibre.
Para los operadores turísticos, conocer este proceso es un valor añadido, pues permite transmitir confianza a los visitantes sobre la calidad y la profesionalidad del producto, ligando la experiencia al paisaje y a la ciencia agrícola.
V. Seguridad y Registros (Obligatoriedad Técnica)
En Producción Integrada, el cuaderno de campo es un documento obligatorio. En él deben registrarse semanalmente la aparición de los estados fenológicos, las operaciones de cultivo, la incidencia de las plagas del cultivo y la aplicación de Productos Fitosanitarios (PF) y fertilizantes. El agricultor está obligado a adjuntar los comprobantes de compra de PF y fertilizantes, así como los boletines de los análisis exigidos.
Las buenas prácticas de seguridad son fundamentales en la aplicación de PF. El riesgo depende de la toxicidad y de la exposición, siendo el objetivo reducir el riesgo reduciendo la exposición. Para ello, el aplicador debe disponer del Carné de Aplicador y usar el EPI adecuado: traje de protección como mínimo de Tipo 4 o 6, guantes de nitrilo y, en las pulverizaciones, una mascarilla con filtro que tenga al menos el color marrón (letra A2). Durante la preparación del caldo es necesario lavar los envases vacíos un mínimo de 3 veces, añadiendo el agua de los lavados al caldo, y nunca aplicar a menos de 10 metros de cursos de agua.

Equipo de protección en la recolección de la castaña
En conclusión, la castaña portuguesa, con su profundo significado histórico y económico, solo mantendrá su competitividad y su valorización si el sector adopta con rigor estas prácticas técnicas en todas las fases de la producción. La inversión en la gestión avanzada del suelo, en la protección integrada, en la cosecha oportuna y en la conservación bajo atmósfera controlada (AC) se traduce directamente en la reducción de pérdidas en la poscosecha, lo que, en la práctica, significa más kilos de castaña vendidos a buen precio. La capacidad de comunicar esta profesionalidad al mercado y a los operadores turísticos es el factor decisivo que asegurará el futuro y la excelencia de este sector frente a la competencia internacional.